Hace veinte años ocurrieron muchas cosas. Supongo que el año 1988 fue un año lleno de acontecimientos importantes para mucha gente, pero conozco dos de esas personas a las que, en octubre de ese mismo año les cambió la vida. Tras los ocho meses de gestación que habían tenido que aguantar, un tipejo (en aquél entonces un bebé) llamado Rubén empezó una vida propia, aunque dependiente de las dos personas ya citadas.
Mi nacimiento tuvo lugar un viernes. Viernes en el cual se celebraba la feria en el que actualmente es mi pueblo, San Pedro Alcántara.
En algún otro artículo de este blog he comentado que mi padre trabaja vendiendo pulpo asado en las ferias y durante la feria de San Pedro de 1988 también lo hizo. Lo admirable de éste hecho es que tuvo que enfrentarse a un dilema; trabajar para sacarme adelante o ir al hospital a ver a mi madre.
Tres o cuatro días después, cuenta la historia, apareció un poco más feliz de la cuenta en el hospital. Lo llevaron a verme a la incubadora acompañado de mi madre (Pues yo por esos tiempos era más una larva que un ser humano). Narraré a continuación lo que sucedió en ese momento.
- Padre: Es ese de ahí
- Madre: ¿Como lo sabes?
- ¿No te das cuenta? Con la suerte que tenemos seguro que es el más feo, parece Ete con ese dedo estirado. Mi caaaaasaaa.
En ese momento mi madre se echó a llorar.
Cuando años después le pregunté a mi padre el porqué se había quedado a trabajar durante la feria, me dijo que tras pensar todo lo que iba a necesitar yo (carrito, cuna, pañales, etc.), si se hubiese ido a hospital tendríamos que haber seguido viviendo allí hasta que cumpliera los ocho años.
Han pasado veinte años desde entonces y en ésta última feria he ido a ayudarle. El viernes, durante una pelea, mi padre recibió un corte en el dedo anular de la mano derecha intentando quitarle el cuchillo a un chaval que quería apuñalar a otro.
Es uno de los riesgos de tener que usar cuchillos en la feria, pero gracias a los reflejos de mi padre, nadie resultó herido aparte de él.
Éste incidente supuso para mí el tener que ponerme las pilas con el trabajo, y en el último día, mi padre me propuso un trato. Debido a que quedaba poco pulpo para hacer y que sería el último día en que trabajaríamos, me ofreció currar yo sólo a cambio de quedarme todas las ganancias. Yo acepté sin dudarlo.
No ha sido hasta hoy que me he dado cuenta de por qué lo hizo. Resulta que los pulpos que quedaban los teníamos marcados como XXL (imagínese el porqué) y a mí siempre me ha costado establecer el precio de los pulpos grandes (siempre los rebajo demasiado). El hecho de tener que preocuparme porque las ganancias eran para mi propio beneficio significaba que debía enjuiciar bien el precio para no tener muchas pérdidas. Así, él conseguiría que yo, de una vez por todas, le cogiera el truco a las ventas.
Gente como Macro o algunos de mis amigos sabe que hace cinco o seis años no me llevaba muy bien con mi padre (rebeldía adolescente, supongo), pero quiero dejar constancia con éste post de que lo admiro y lo quiero por cómo es y cómo se ha esforzado para sacarme adelante.
Con respecto a mi madre he de decir que lleva más de veinte años aguantando al viejo y otros veinte aguantándome a mí. Con ésto ya no se necesitan anécdotas heróicas ni pasar adversidades para entrar al cielo. Recordad lo que le dijo Zeus a Hércules: “Hijo si quieres entrar en el Olimpo, deberás aguantar a Willy una semana. Si quieres recortar éste tiempo a dos días, deberás aguantar también a su hijo”.
Queda pendiente un post sobre mis trastadas de pequeño para que comprendáis la decisión del sabio Zeus.

La mejor entrada sin duda alguna.
Ya está bien de crisis de identidad y de entradas que cumplen la única función de llenar un poco el weblog y sentirte bien pensando que realmente hiciste bien en crear un blog.
¿Para qué llenar un blog de entradas sin sentido cuando tu vida es más interesante? Ahora entra en escena el salseo, cuenta cuenta, que ahora si que te agregaré a mi google reader, y luego dicen que por qué existen los programas del corazón.
Al fin y al cabo es una gran reflexión y particularmente me ha gustado la forma como la has escrito. Sobre todo la última parte. Yo que apenas conozco a tu padre te diré que generalmente las personas que se muestran bastante duras de caparazón luego en el corazón no son así, aunque no sé si esto último se puede aplicar con tu padre.
Un Abrazo pelonchoooooo!!
Sólo diré una cosa: el consejo de Zeus me ha matao…. xDDD