Con este corte me refiero al corte de pelo. Ese que hoy en día es homogéneo seas del grupo social que seas, y donde sólo cambia el ungüento con que lo pringas. Para demostrarlo he escrito este post.
En primer lugar tenemos los pijos, que lucen su flequillo a un lado, semidespeinado, queriendo mostrar al mundo que su pelo es lo más rebelde que tiene. Pero que, como evolución de esta clase social se ha ramificado en modernetes y emos.
Los modernetes nacen de la metrosexualidad pochamente aplicada a las clases altas. Con camisetas de “Calvin Gay” y “Dulce y Pagana”.
Los emos son aquellos niños que no pudieron recibir cariño de sus ocupados padres y a los que se les consintió todo lo material para llenar esa carencia afectiva. Son gente con tendencia a llamar la atención sin suicidarse del todo. Viven en un misterioso mundo creado por Tim Burton donde lo masculino y lo femenino danza de forma grotesca y caótica.
Pero es curioso que, si el emo tiene un poco de gracia, es borde y habla sarcásticamente… ejem, no será emo. Un emo no tiene nada en su vida más que su miseria (ya se me olvidaba).
Lo que quiero decir es que si al pijo (que como hemos visto, da igual decir modernete que emo. Son un mismo experimento doblemente fallido) le damos una “pseudo-cultura” en cine alternativo, música electrónica y cualquier libro (siempre que no sobrepase la individualidad del ejemplar, debe ser sólamente uno), obtenemos un gafapastas. Que yo solía denominar “pseudo-modernete”.
Como podemos ver, todos los jovenes humoristas del club de la comedia son gafapastas. No es extraño, pues tienen suficiente gracia como para no necesitar arrancarse la vida para hacerse notar.

Que interesante…el pelo como unión de sub-culturas.
Después dicen que la ropa no define la personalidad, que preocuparse por la vestimenta es superficial pero…si no fuera por la ropa…¿como sabría quienes son los emos? y si disparara a un pijo qué?
Dios salve al Algodón y al Poliéster