Creo que esto de tener un gato está empezando a afectarme.
Los gatos son extaños animales ( iba a poner mascota, pero es que de mascota no tienen nada) que se apegan a tí por conveniencia creando un vínculo de simbiosis afecto-comida, donde el hombre pone el afecto y la comida.
El gato en cuestión, se acerca a tí en busca de calor (que interpretamos como cariño), desparasitación (más cariño), protección (más cariño) y comida.
Hay mucha gente, que no soy yo, que han estudiado los comportamientos de estos animales y han demostrado que un león hace mejor de mascota que un gato (pues tienen instintos de camada, a diferencia de los gatos) aún siendo un poquito grandes y juguetones.
Un gato no aprende a dejar tus cosas porque comprenda que te importan, sino por miedo a la reprimenda que se puedan llevar. Así que ahorrate las veinticinco primeras “Micho ¡no!, eso no se hace!” y ve directamente a la parte de “Maldito gato ¿donde estará la escopeta?”.
Bromas aparte, quería referirme a que, a un gato un par de tortas le duelen menos que acabar en la calle. Y que, como no tienen uso de razón para comprender vuestras indicaciones, regañadlo con fuerza para que aprenda qué cosas no se tocan y qué cosas no se hacen y no acabeis por abandonarlo.
Aquí os endoso una preciosa foto de mi gata, que si no fuera porque es toda una ninja, ya la habría mandado a tomar viento.

Es verdad, los gatos (o al menos nuestra gata) son unos desagradecidos. Ora se duermen una super siesta a tu lado porque les das calorcito, ora, te arañan porque quieres acariciarlos
Jajajajaja!
Cómo han cambiado las cosas. Hace una semana todo eran elogios para la gata, y ahora incitas a todo el mundo a que apalicen a sus mascotas felinas. Si es que…
Por cierto, no todos los gatos son así.